JOROBITA
Por el desierto un pobre camello pasó.
Iba sediento, cansado, muerto de calor.
Pero, por suerte, no lejos de allí
unas palmeras lo vieron venir
y lo llamaron a voces diciéndole así.
- Si es que tu quieres beber,
si tu quieres descansar,
pues no dejes de venir acá.
Además has de saber
que te quiere conocer
cuanto antes nuestro gran Sultán
Solitario y quejumbroso
el turbante lo fatiga,
pues no tien más negocio
que rascarse la barriga.
Jorobita, por favor,
ven a ver al buen Sultán
y aquí ya no tendrás mas calor.
Dando traspiés en la arena,
despacio avanzó.
Iba sacando la lengua y se tambaleó.
Más las palmeras a todo correr
desde el oasis salieron por él,
pues el cansado camello se iba a caer.
A la sombra del jardín,
el sultán Baruj Selim
en la boca le sirvió un ice cream.
El desmayo fue fugaz,
y el camello muy voraz
despertó para pedirle más.
-Como a mí sobra esbacio,
si usted quires consentir,
te regalo mi balacio
tudo entero bara ti.
Y a la diestra del Sultán,
sentadito en un diván,
Jorobita se quedó a vivir.
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